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sábado, 6 de septiembre de 2014

El Diario de Anna Frank




Aunque Anna Frank murió cuando solo tenía 15 años,

La leyenda que creo y el mensaje
 Que dejo al mundo son imperecederos.

 
 
¿Y Por Que cree usted que vale la pena la salvación de la especie humana? – 
 Pregunto un día cierto jovencito discutidor al magistrado  Félix Frankfurter del tribunal supremo de Estados Unidos.
 - He leído el diario de Anna Frank- Contesto el magistrado.
             La historia de cómo estas memorias de una muchachita vinieron a escribirse y pudieron salvarse es tan dramática como el diario mismo. Nadie pudo imaginarse el efecto enorme que este pequeño libro iba a causar, ni siquiera el padre de Anna, que hizo publicar después de muerta su hija en un campo de concentración nazi.
 
            El diario de Anna Frank se ha publicado en varios idiomas, y ha logrado una venta de millones de ejemplares. Desarrollado en una obra teatral se represento, en 20 países diferentes (1956-57)  y la 20 Century Fox filmo la obra.
            Para explicar esta asombrosa reacción del público, es necesario ante todo, comprender a la niña que fue Anna Frank.
            Cuando Hitler escalo al poder, Otto Frank era un banquero radicado en Alemania, se había casado en 1925. Su primera hija nació en 1926 Margot; tres años después nació la segunda, Annelies Marie. En la familia se le llamaba Anna.
             En aquel otoño de 1933 en que Hitler disparaba un decreto tras otro contra los judíos, Otto Frank resolvió emigrar a la hospitalaria Holanda. Estableció una pequeña compañía en Ámsterdam. Poco antes del comienzo de las hostilidades, acepto como asociado al señor Van Daan, un compañero de exilio. Traficaban principalmente especias. Por lo general, su comercio iba lento. En una ocasión, el señor Frank se vio forzado a pedir a sus empleados que aceptaran una rebaja temporal en los modestos sueldos. Ninguno se despidió. Se sentían atraídos por el natural dulce y generoso del patrón. Admiraban su recio temple y el celo con que procuraba dar a sus hijas una buena educación.
            En cuanto alumna, no fue Anna particularmente brillante. Muchos de los amigos, junto con sus padres, creían que Margot, prometía más. Anna se distinguía por el interés que tomaba en los problemas de otras personas. Emotiva, tenaz…ofrecía, según dijo alguna vez su padre, “un verdadero caso de niño problema; y era gran conversadora y muy aficionada a vestirse bien”. La vida urbana, en la que Anna podía verse rodeada de una parlera multitud de amiguitas, se avenía con sus gustos perfectamente: circunstancia feliz, ya que la familia de Frank no tenía auto, y solo muy tarde en tarde podía permitirse unas vacaciones.
            Al invadir los nazis Holanda en 1940, Los Frank quedaron atrapados. Antes muchos judíos de Ámsterdam, Otto Frank se dio cuenta de que se acercaba el momento en que el y su familia tendrían que ocultarse. Decidió esconderse en la propia casa donde trabajaba, situada frente a uno de los canales bordeados de árboles de Ámsterdam. Se prepararon secretamente unas habitaciones abandonadas del piso alto, de modo que pudieran servir de refugio a los Frank y a los Van Daan.
            En los comienzos de julio de 1942, se llamo a comparecencia, para su deportación a Margot Frank, que no se presento. Inmediatamente, los Frank se mudaron a su escondite, seguidos al poco tiempo por los Van Daan. Cuatro meses depuse, acogieron a otro judío, un dentista, en su ya atiborrado escondrijo.
            Eran ocho personas perseguidas. Cualquier ruido, cualquier luz, podía delatar su presencia. Mantenían tenue vinculo con el mundo exterior mediante radio y cuatro valerosos miembros del personal de Otto Frank, entre ellos dos mecanógrafas que a escondidas traían alimentos, libros, revistas… esto aparte, no tenían otra compañía que la de un gato.
            Durante aquel encierro, Anna resolvió continuar llevando un diario que sus padres le habían regalado en su decimotercer cumpleaños. En el describía anna la vida en la buhardilla, con todas sus inevitables tiranteces y desavenencias. Pero fue, ante todo, creando en sus páginas una delicada, maravillosa crónica  de la adolescencia bosquejando con entera honestidad los pensamientos y sentimientos de una jovencita, sus ansias, su soledad. “me siento como un pajarillo cantor a quien han cortado brutalmente las alas y vuela en profunda oscuridad contra las rejas de la jaula” escribía cuando llevaba cerca de año y medio aislada del mundo. A los dos meses, había llenado todas las páginas de su diario, un librito encuadernado en tela de tartan; y una de las mecanógrafas, Miep, le regalo un cuaderno de ejercicios escolares. Después utilizo el cuaderno de química de su hermana Margot.
            Anna revela en su libro una saludable confianza en la sabiduría de su padre; la pena, tal como ingenuamente la sentía, de que su madre no la supiera entender; el éxtasis de su primer beso arrobador, cambiado con aquel mozo de 17 años, hijo de los Van Daan: en suma, la floración de una encantadora personalidad femenina, ávida de enfrentarse a la vida con valor adulto y plena conciencia.
            En una tira de papel escribió Anna nombres ficticios que pensaba usar, en caso de lograr la publicación de sus memorias. Por de pronto, el diario intimo secreto, que recataba de todos, especialmente del dentista gruñón con quien tenia que compartir su diminuto dormitorio.
 
            El padre le dio permiso para guardar sus diarios en su maletín.

            Otto Frank no los leyó hasta después de muerta su hija.

            El 04 de agosto de 1944, cinco polizontes nazis, uno alemán y los otros holandeses irrumpieron súbitamente escaleras arriba. (Como se había  descubierto el secreto de la buhardilla, nadie lo sabe) “¿Dónde tenéis dinero y alhajas?”- Gritaron.
            La señora Frank y la señora Van Daan guardaban algo de oro y joyería. Rápidamente quedo todo descubierto. En la busca de algo en que llevarse el botín, uno de los policías dio con la cartera del señor Frank. La abrió y volcó su contenido por el suelo, no parando en atención en los cuadernos de Anna. Sin más miramientos todas las personas de la buhardilla quedaron arrestadas.
            A principios de septiembre, mientras los ejércitos aliados al mando de Eisenhower iban  acercándose rápidamente a Holanda, se traslado a los Frank, a los Van Daan y al dentista, en vagones, a Auschwitz, el letal campo de concentración de los nazis en el sur de Polonia. Allí separaron a Otto Frank de su mujer y sus hijas, sin darles tiempo para decirles adiós. A la señora Frank a margot y Anna, se les condujo al sector femenino del campo, en donde la señora Frank murió de extenuación. Los Van Daan  y el dentista también perecieron.

            Anna se revelo como brava dirigente de su pequeño grupo de cautivos.

            Cuando no tenían nada que comer, osaba ir ala cocina para reclamar alimentos, constantemente animaba a Margot a no darse por vencida. Una vez paso al lado de centenares de niños húngaros judío que esperaban de pies desnudos, bajo la helada lluvia, a que s eles condujese a las cámaras de gas, incapaces de entender la causa de los horrores a que los adultos en la tierra los sometían.

            !oh, miren sus ojos!” Gimió.

            Luego en el otoño, ella y su hermana las trasladaron a otro campo, Bergen-Belsen, entre Berlín y Hamburgo. Un  buen amigo la vio allí “aterida de frió y hambrienta, la cabeza afeitada, el cuerpecito esquelético dibujándose bajo el deforme sayal rayado del campo de concentración”. Se hallaba lastimosamente débil, consumida por la fiebre tifoidea. Murió a primeros de marzo de 1945, unos días después que Margot. A las dos las arrojaron en una fosa común.
            Otto Frank hallo manera de sobrevivir a las penalidades del campo de auschwitz. Le pusieron en libertad los rusos a comienzos de 1945, y en el verano llego a Ámsterdam liberada. Supo por un amigo la muerte de su mujer, pero abrigaba la esperanza de que anna y Margot volvieran. Al cabo de seis semanas de vano aguardar se encontró con alguien que lo enterote que ambas habían perecido. Fue entonces cuando Miep, su  antigua secretaria, le entrego los diarios de  Anna.
            Una semana después del arresto de la familia Frank, Miep volvió temerariamente al escondite. Había en el suelo un montoncillo de papeles. Miep reconoció en ellos los manuscritos de Anna, y decidió conservarlos, pero sin leerlo. Si los hubiese leído habría encontrado en sus paginas detallada información de los auxilios que ella y otras personas, a riesgo de su vida, habían prestado a los Frank, y habría quizás destruido testimonios tan comprometedores.
            Tardo muchas semanas Otto Frank en leer lo que su difunta hija escribiera. Cada dos o tres paginas la congoja le impedía continuar la lectura. Como su madre aun vivía (había emigrado a Suiza donde residían otros parientes cercanos) empezó  a copiar el manuscrito para la abuela. Salto ciertos pasajes que juzgo demasiado íntimos o que podían lastimar los sentimientos de otros, aunque la idea de publicar el diario no llego a ocurrírsele. Dio una copia mecanografiada aun amigo intimo, el cual se la presto a un profesor de historia contemporánea. Con gran sorpresa de Otto, el profesor de historia dedico un artículo al diario de Anna en un periódico holandés. Los amigos de Otto lo instaron entonces a publicar las memorias de su hija, como ella misma lo deseara, pues en una pagina había escrito “Cuando se acabe la guerra quiero publicar un libro con el titulo la Buhardilla. Mi diario podrá servirme para este propósito”.
            Cuando el padre de la autora dio al fin el consentimiento para la publicación, dos editores holandeses rechazaron el original. Lo acepto sin embargo el tercero…que ha vendido millones de ejemplares en la edición holandesa.
            Siguieron otras ediciones de ejemplares en Japón, Inglaterra, estados unidos. Fueron llegando a Otto numerosísimas cartas, una de Italia con las siguiente dirección: “Otto Frank, padre de Anna de Ámsterdam” algunos de los que escribían mostraban dudas sobre la autenticidad del diario; la mayoría expresaba su admiración y su pena. Las muchachas de la edad de Anna le exponían sus problemas. “o señor Frank – escribía una de ellas- Anna se me parece tanto que a veces no se donde empiezo yo y donde termina ella” Muchas personas enviaron regalos. Hubo una jovencita japonesa que confecciono lindas muñecas especialmente para el. Una escultora holandesa le obsequio una escultura de Anna. En los cumpleaños de Anna y Margot le llegaron flores anónimamente.
            Tal numero de cartas continuo recibiendo Frank que se vio obligado a retirarse de los negocios. El cuidado del diario de Anna se ha convertido en pasión, la misión de su existencia. Vive ahora modestamente en Suiza. Todos los derechos de propiedad intelectual del Diario los consagra a fines humanitarios que, a su juicio, habrían merecido la aprobación de Anna.
            Todas las cartas las contesta el personalmente. Cada día llegan otras nuevas que le recuerdan las perdidas que ha sufrido, pero  siente que hay verdad y consolación en las palabras que la directora de una de las principales escuelas de Londres le escribió: “debe ser una fuente de profundo gozo para usted, dentro de su pena, tener la certeza de que la vida de Anna, en su mas hondo sentido, es ahora, precisamente, cuando comienza”.
            La acogida más notable la proporciono Alemania. Al hacerse en 1950 la primera impresión de 4.500 ejemplares del diario, muchos libreros sintieron miedo al ponerlo en los escaparates. Actualmente las ventas de la edición alemana de bolsillo han sobrepasado el millón de ejemplares.
            En los días en que se anuncio el estreno drama simultáneamente en seis ciudades alemanas, nadie sabía cual iba a ser la reacción del público. La obra fue desarrollándose a través de breves escenas. No aparecían nazis en el escenario, pero se hacia sentir, minuto a minuto. Por ultimo, se oyen las botazas de los nazis irrumpiendo escaleras arriba para allanar el refugio. En el fin del epilogo, únicamente el padre queda en escena, un anciano solitario. Con serena actitud cuenta como vino a saber que su mujer y sus hijas habían muerto. Tomando el pequeño diario de Anna, va pasando paginas, en la busca de un determinado pasaje; al encontrarlo se oye la voz juvenil, confiada, de su hija, que dice: “A pesar de todo, aun creo que la gente es realmente buena en el fondo de su corazón”.
            Nutridos auditorios alemanes vieron la representación de la tragedia de Anna Frank con silenciosa emoción cargada de remordimiento. En Dusseldorf los espectadores ni siquiera se movieron de sus sitios en los entreactos. “Se mantuvieron sentados, inmóviles, cual tuviesen miedo de las luces de afuera, con vergüenza quizás de darse la cara unos a otros”. Informo algún testigo. El empresario de Dusseldorf, Kuno Epple, dijo: “El drama de Anna Frank triunfa porque capacita al espectador para enfrentarse con la historia, personalmente y de modo directo. Seguimos el Diario de Anna Frank como un reproche formulado en los mas humildes, conmovedores del hombre para con el hombre. Nadie nos acusa como alemanes. Nos acusamos nosotros mismos”.
            Durante años, los gobernantes de la Alemania de Posguerra se afanaron en hacerle ver al pueblo la índole absurda y criminal del régimen nazista. Fracasaron en el empeño. El Diario de Anna Frank triunfo. El drama representado en más de 50 ciudades y ante más de un millón de alemanes. Los actores han recibido decenas de cartas. Una de ellas “Yo he sido un buen nazi, pero nunca supe lo que ello significaba hasta la otra noche, viendo esa obra”. Los escolares alemanes enviaron a Otto Frank cartas firmadas por toda la clase, comunicándole que el diario de Anna les había hecho patente el salvajismo de la persecución racial.

            En Berlín se estableció una Casa de Anna Frank, consagrada a la acción social a favor de la juventud. El pueblo de Berlín ha escogido ese nombre “como símbolo de la tolerancia racial y social”. Por toda Alemania se han organizado grupos de una asociación denominada Anna Frank al objeto de combatir los vestigios del antisemitismo hitleriano. En Viena se colecto dinero para la floresta de Anna Frank, que se plantaron en Israel.
            En marzo de 1957, un estudiante de Hamburgo sugirió que se depositaran flores sobre las fosas comunes de Bergen-Belsen, donde reposan los restos de  Anna Frank.  Más de 2.000 jóvenes respondieron a este llamamiento. Cientos acudieron allá, recorriendo bajo la lluvia 130 kilómetros en bicicleta. De pie ante una de las fosas, una colegiala de 17 años expreso así lo que todos, aquellos instantes sentían: “Anna Frank eras mas joven que nosotras cuando aniquilaron su vida horriblemente. Murió porque otros seres humanos habían resuelto exterminar la raza de Aquella niña. Nunca de nuevo deberá resurgir en nuestro pueblo semejante morbo, semejante odio inhumano.”

            En verdad, la breve vida de Anna es ahora cuando esta comenzando. Lleva un mensaje de valor y tolerancia por toda la extensión del planeta.

            Anna vive después de la muerte.
 
Por Louis de Jong
Enero 1958
 
 


martes, 22 de marzo de 2011

La casa Refugio


Una lluviosa mañana  de invierno, un gentío guarecido con paraguas se agolpa ante el edificio de cuatro pisos marcado con el número  263 de la calle Prinsengracht, en Amsterdam. Llueva o no, el lugar es muy concurrido, y las filas de visitantes llegan a la esquina. Todos aguardan su turno para subir la empinada escalera que conduce al anexo secreto donde, hace  mas de 50 años, una muchacha llanada Anna Frank escribió un diario que ha conquistado corazones en el mundo entero.
Adosado a la parte trasera del edificio, el anexo consta de dos pisos y un desván  y alberga cuatro habitaciones pequeñas. Las angustiadas almas que allí se escondieron de sus perseguidores nazis desaparecieron hace mucho. Si su historia perdura, medio siglo después de que fueron traicionadas y aprehendidas, es gracias a la pluma de Anna.
Durante los 25 meses que permanecieron confinados en eses espacio, los ocho fugitivos (dos familias más un adulto) se dormían y despertaban sobresaltados, se exasperaban unos a otros, y sus incontables horas de aburrimiento eran interrumpidas con frecuencia por episodios de terror inaudito.
Pero el espíritu de Anna nunca flaqueó. Apenas tres semanas antes del fin, expresó con sorprendente perspicacia por qué sus convicciones se mantenían incólumes:                              “a pesar de todo, sigo creyendo que la gente es buena en el fondo. No podría construir mi vida sobre cimientos de caos, sufrimiento y muerte.  Veo al mundo hundirse cada vez más en la barbarie; oigo el retumbo de los cañones que se acercan; siento el tormento de millones. Y  aun así, cuando miro al cielo, algo me dice que esta crueldad terminará y que volverán a reinar la paz y la tranquilidad
Cuando el diario se publicó, su resonante sí a la vida ante la amenaza de la muerte conmovió a millones de lectores en todas partes. Su versión original en holandés se ha traducido a 55 idiomas, y en total se han vendido 25 millones de ejemplares. En Estados Unidos, el Diary of a Young  girl se ha venido imprimiendo sin cesar hasta el día de hoy.
Nada ejemplifica mejor la perenne actualidad de Anna Frank que la cantidad  de personas (9000 en 1960 y 600.000 en 1994) que acuden a visitar el callado edificio en la calle Prinsengracht.
Anneliese Marie Frank, nació el 12 de junio de 1929 en Fráncfort del Main, Alemania, descendiente de judíos que se habían establecido allí generaciones atrás. Su padre, Otto Heinrich Frank, fue oficial del ejército alemán durante la primera guerra mundial, pero cuando Adolf Hitler llegó al poder e hizo de los judíos los chivos expiatorios de los males del país, se mudó a Amsterdam con su familia. Para diciembre de 1940 había instalado un comercio de especias y hierbas de olor en el 263 de la calle Prinsengracht, un ruinoso edificio del siglo XVII, a la orilla de una canal bordeado de árboles. El escaso personal del establecimiento lo tenía por patrón justo y considerado.
Anna fue feliz durante sus primeros años en Amsterdam. El agradable suburbio donde vivía con su familia la hizo ir olvidando sus raíces alemanas y terminar por amoldarse a las costumbres holandesas. Se  decía que su hermana Margot, tres años mayor que ella, era más inteligente y bonita, pero Anna la aventajaba en popularidad porque era  extrovertida, ocurrente y encantadora. Le gustaban las películas, la mitología griega y los muchachos.
En mayo de1940 las fuerzas de Hitler pisotearon la neutralidad de Holanda y ocuparon el país. La policía nazi comenzó  a concentrar a los judíos  en febrero  del año siguiente y, siete meses después, Anna y Margot Frank tuvieron que ingresar a una escuela exclusiva para niños judíos. En abril de 1942 se obligó a los judíos a llevar una estrella amarilla cosida en un lugar visible de la ropa.
Anna comenzó a escribir su diario el 12 de  junio de 1942, en una libreta con tapas de cuadros rojos y blancos que sus padres le regalaron ese día con motivo de su decimotercer cumpleaños. En las primeras páginas abunda el chismorreo colegial, pero a la vuelta de una semana la muchacha anoto: “20 de junio. Se ha obligado a los judíos a entregar sus bicicletas. Se les ha prohibido subir a los tranvías y a viajar en auto, aunque el auto sea suyo. Tampoco pueden estar en la calle  entre las 8 de la noche y las 6 de la mañana. Ni salir al jardín de su casa después de las 8 de la noche
El padre de  Anna había hecho  preparativos para ocultar a su familia en los cuartos deshabitados que había detrás de su establecimiento. Pasó muchos domingos subiendo con sigilo artículos de primera necesidad, muebles y cajas de comida  en latada  al anexo secreto. Como sabía  que no podía prescindir de cierta ayuda del exterior, confió su proyecto a cuatro empleados: Johannes Kleiman, Victoria Kluger y dos jóvenes secretarias Miep Gies y Bep Voskuijil.  Por entonces Anna escribió: “5 de julio. Hace unos días  papá comenzó a decir que nos iremos a un escondite. Su tono de voz era muy serio y me asustó “no te inquietes”, me dijo “saborea tu libertad mientras puedas”. ¡Ojala sus lúgubres palabras nunca se hagan realidad!
Apenas horas después de hecha  esta anotación su hermana Margot, entonces de 16 años, recibió una citación de la SS, la policía nazi: debía presentarse al día siguiente por la tarde ante los funcionarios para ser enviada a un campo de  trabajo en Alemania.  El proyecto de Otto Frank no podía esperar más. A primera hora de  la mañana la familia desapareció sin dejar rastro. Margot salió antes que todos: se arranco la estrella amarilla, monto en una bicicleta de contrabando y, acompañada de Miep, enfiló al escondite bajo un aguacero. Anna y sus padres siguieron a pie.  Cada uno llevaba una mochila escolar y una bolsa de compras repleta de toda clase de cosas.
Habían renunciado a cuanto le importaba en el mundo, menos permanecer juntos. Por acuerdo previó, unos días más tarde se les unió en el escondite otra familia, judía en peligro Hermann van Pels, compañeros de Otto en el comercio, su esposa y su hijo de 15 años, Peter. Se puso en circulación   el rumor de que los Frank había huido a Suiza.
11 de julio. Parece como si estuviéramos de vacaciones en una extraña pensión. Aunque hay humedad y el suelo esta desnivelado, no creo que haya un refugio más cómodo en toda Holanda. Nuestro dormitorio se veía muy vacío con las paredes desnudas, pero gracias a papá, que cargó con mi colección de retratos de estrellas de cine,  lo  tapicé de carteles.
La habitación que compartían Anna y Margot, larga y estrecha estaba situada junto a las de sus padres. La familia Von Pels ocupaban los otros dos cuartos. Un estante de libros  giratorio, hecho a la medida, ocultaba la única entrada al anexo, cuyas ventanas estaban totalmente cubiertas por cortinas oscuras.
Los fugitivos tomaban precauciones extremas hasta para las tareas más sencillas, como cocinar, tirar la basura y usar el baño. Para no ser oídos por los almaceneros del negocio, que no sabían de su presencia en el edificio, en las horas laborales de la semana hablaban en voz baja y, si tenían que caminar, lo hacían de puntillas y descalzos.
El verano de 1942 transcurrió en un tedio absoluto. En noviembre Miep les contó que su dentista Fritz Pfeffer, estaba buscando con desesperación un lugar donde esconderse. Los Frank lo acogieron con hospitalidad: Margot se mudo a la habitación de sus padres y Anna compartió la suya con él.
Los cuatro empleados leales de Otto visitaban al terminar la jornada de trabajo, una vez que se iban los demás, para llevarles comida, artículos difíciles de conseguir (jabón, pasta de dientes, aspirinas), libros y revistas. Jamás han dicho ni una palabra de queja  por la carga que seguramente somos para ellos, escribió Anna.
La muchacha les pedía con impaciencia noticias de sus amigos, pero nunca eran buenas. Por un receptor clandestino escuchaban los informes de la BBC, la cadena de radio británica, acerca de las deportaciones masivas llevadas a cabo por los nazis. Cuándo Fritz Pfeffer llegó, les dijo que las fuerzas de ocupación estaban registrando casa por casa buscando judíos.
Muchas veces, cuando es de noche, me asomo a la ventana y veo pasar largas procesiones de gente inocente. A todos los llevan al matadero. Me siento culpable por tener una cama tibia en donde dormir, y me horroriza pensar en mis amigos, que hoy están a merced de los monstruos más desalmados que ha habido en el mundo ¡y todo por ser judíos! (…) pero no diré más. ¡Estos pensamientos me hacen tener pesadillas!
Muchas de sus pesadillas eran reales. En cierta ocasión en que unos ladrones allanaron  el almacén, llego la policía y registro el edificio, mientras los ocho fugitivos guardaban silencio en el anexo.   Oímos pasos en la escalera… ¡y un traqueteo en el estante de libros! “¡estamos perdidos!” dije. Pero los pasos se alejaron, y el peligro pasó…por el momento.
Cuando Anna lleno su libreta hasta la última página, Miep le llevo de la oficina hojas sueltas y libros de contabilidad en blanco, y el relato continuó. El diario era su mejor amigo, escribió, y en él dejaba volar su imaginación con la libertad que tanto ansiaba. Me siento como un pájaro cantor al que le han cortado las alas y que se arroja en vano contra los barrotes de su oscura jaula. Dos meses más  tarde se preguntó ¿entenderán algún día que soy una adolescente necesitada de un poco de diversión sencilla?
Al principio había desdeñado al quinceañero Peter Van Pels, al que llamo un muchacho tímido y desgarbado, cuya compañía no sirve de  mucho. Pero al llegar la primavera de 1944 iba a cumplir 15 años, se enamoraron. Se veían en el desván, donde una claraboya se abría al azul cielo. Por ella alcanzaban a ver la punta de un castaño reverdeciente, y las gaviotas que planeaban al viento.
16 de abril ¡Como olvidar la cita de ayer! ¡Si será memorable para una chica el día en que recibe su primer beso…! Papá no quiere que suba tanto al desván, pero la compañía de Peter me gusta y me inspira confianza.
Anna era una asidua lectora (¡Hay tanto por descubrir y aprender!, se maravillaba, y anhelaba  escribir un libro al que pondría por título El anexo secreto, y que estaría basado en su diario. Quisiera llegar a ser periodista. Sé que tengo capacidad para escribir, y me gustaría dejar una obra en la cual seguir viviendo después de morir. ¡Le doy gracias infinitas a D”s por haberme dado este don, que me permite expresar todo lo que llevo dentro!
El 6 de junio de 1944, a las 8 de la mañana, la BBC transmitió noticias del desembarco de los aliados en Normandía. Entre los fugitivos reinó la esperanza ¿sería ese el año de la victoria y la liberación? Anna incluso acarició la idea de volver a la escuela para el siguiente año lectivo. Seis días después cumplió 15 años.
El fin llego la mañana del viernes 4 de agosto, cuando llevaban 761 días escondidos. Hacia las 10.30, un coche se estacionó frente al edificio, y un grupo de policías vestidos de civiles, guiados por uno de uniforme, irrumpieron en el establecimiento. Con las pistolas desfundadas, hicieron que Víctor Kluger los condujera al estante falso y lo abriera. Los ocho judíos quedaron arrestados. Luego llego un camión cubierto y se los llevó junto con Kluger y Johannes Kleiman.
Las dos secretarias, Miep Gies y Bep Voskuijil, esperaron hasta que anocheció para entrar al anexo. Los nazis lo habían saqueado todo y dejaron todo revuelto. Miep se puso a recoger papeles del suelo, y al poco rato tuvo en sus manos algo mucho más valioso que las joyas y el dinero robados: el diario de Anna Frank.
 A la vuelta de un mes, los ocho fugitivos de la calle Prinsengracht, subieron al último tren que llevo prisioneros de Holanda al campo de concentración de Auschwitz en Polonia. Allí los hombres fueron separados de las mujeres, y ya nunca volvieron a verse.
A Anna y Margot se las llevaron al campo de Bergen-Belsen, en Alemania central, donde, al igual que otras decenas de miles de prisioneros, murieron de tifus. Anna falleció en marzo de 1945, después de haber atendido a Margot hasta el último momento y sólo unas semanas antes de que el ejército  británico tomara el campo.
¿Quién los traiciono? Quizás un nuevo almacenero que, al notar la existencia del anexo, codició la recompensa que los nazis pagaban por cada judío que les era entregado. El sospechoso fue investigado en dos ocasiones después de la guerra, pero no llegaron a hacerse cargos en su contra.
Kleiman y Kluger permanecieron prisioneros en Holanda, pero luego volvieron a su trabajo, en el establecimiento de la calle Prinsengracht.
Otto Frank, el único sobreviviente de los ocho judíos, fue liberado de Auschwitz por el ejército soviético en enero de 1945. Tiempo después regresó a Amsterdam, donde se quedo a vivir en casa de Miep Gies y su esposo, Jan. Al saber de la muerte de Anna, Miep le entrego el diario diciendo:
- aquí tiene usted el legado de su hija.
Otto tardó mucho en leerlo. Luego se entrego  a la tarea de copiarlo a máquina de escribir para darlo a conocer entre sus amigos y parientes. Al cabo de un año se publicó con el título de “El anexo secreto” el que Anna había propuesto, con lo cual se cumplió su deseo de llegar a ser escritora.
La prosa vehemente sincera de Anna, rigurosamente corregida por ella misma y animada por una bien lograda tensión novelística, será siempre un recordatorio de lo que perdimos cuando murió. Como anoto alguien en el registro de visitantes del edificio de la calle Prinsengracht: “si solo tuviera derecho a leer dos libros en mi vida, serían la biblia y el diario de Anna Frank”
No paso mucho tiempo para que la gente comenzara llamar a la puerta del 263 de la calle Prinsengracht, pidiendo ver el anexo secreto. Años más tarde, el edificio quedó amenazado por un proyecto de remozamiento urbano, y sólo el clamor del público lo salvó de la demolición. Se creó entonces una fundación dedicada a recaudar fondos para restaurar el edificio y construir una sala de exhibición. Así, el 3 de mayo de1960 se inauguró la Casa de Anna Frank.
Hoy en día, una vez que el visitante pasa el estante giratorio y transpone el estrecho umbral, llega al dormitorio del matrimonio Frank. En una de cuyas paredes cuelga el mapa de Normandía en el que Otto iba trazando el avance de los ejércitos aliados. Junto al mapa hay unas marcas de lápiz con las cuales el comerciante marcaba el crecimiento de los tres muchachos que nunca llegarían a la edad adulta.
A continuación esta el cuarto de Anna. Los carteles de sus estrellas de cine predilectas siguen pegados en la pared, imágenes descoloridas que infundieron alegría e ilusión a su cárcel. Es imposible no percibir aquí la presencia de Anna. Muchos salen del cuarto con lágrimas en los ojos.
Un estudiante estadounidense que hizo el viaje desde Londres para visitar la casa de Anna Frank declaro: “En este lugar Anna se enfrentaba a la muerte y, sin embargo soñaba con la vida que llevaría después de la guerra. Eso nos enseña que lo más importante no es cómo ni cuándo se muere, sino como se vive”.
Otto Frank murió en 1980 a los 91 años de edad, de todos los testigo Miep Gies, ella preferiría que las cosas hubieran ocurrido de otro modo “que Anna y los demás se hubiera salvado aunque el diario se hubiera perdido”.
A pesar de todo, sigo creyendo que la gente es buena en el fondo, escribió Anna. Hasta el día d hoy, ella sigue siendo una luz en las tinieblas de la humanidad.
Selecciones de Reader´s Digest. Octubre de1995, Por Lawrence Elliot.