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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Los Judíos en Inglaterra a partir del siglo XX


Antecedentes y sucesos que llevaron a la declaración Balfour.

El 9 de noviembre de 1914, en un discurso pronunciado en el Ayuntamiento de Londres, el primer ministro británico Herbert Asquith anunció con acento dramático: “El Imperio turco se ha suicidado.”

El sultán se había comprometido con la victoria alemana y se disponía a desencadenar una guerra santa contra Gran Bretaña. Asquith deseaba impedir que los cien millones de musulmanes que eran súbditos del Imperio británico se incorporasen a esa campaña. De ahí su discurso, que comprometía a Gran Bretaña a destruir finalmente el imperio otomano y dar la libertad a sus pueblos.

El Tratado Sykes-Picot del 3 de enero de 1916 fue un acuerdo secreto entre Gran Bretaña y Francia para dividirse el Oriente Medio una vez concluida la Primera Guerra Mundial.

 Algo indefinida quedó Palestina, que eventualmente fue otorgada, bajo un mandato de la Sociedad de las Naciones, a Gran Bretaña. Los británicos, cautelosos, les dieron aliento a los judíos al estipular que veían con buenos ojos el establecimiento de un futuro estado judío en Palestina mediante la llamada Declaración Balfour. En efecto, como medida de guerra, los británicos alentaban las aspiraciones de todos en el mismo territorio.

En la posguerra, Gran Bretaña se sirvió con la cuchara grande. No sólo obtuvo a Palestina, sino que tomó a Mosul al que agregó con Basora y Bagdad para crear Iraq. Entonces le recortó a Siria (ya ocupada por Francia) un tramo que le asignó a Irak, y otro a Cisjordania para poder transportar mediante oleoducto el petróleo de Mosul.

Herbert Samuel fue nombrado para el cargo de Alto Comisionado en 1920,  una vez que el mandato británico fue concedido por la Sociedad de Naciones. Fue el primer Alto Comisionado que cumplió sus servicios en ese cargo hasta 1925. Como tal, Samuel fue el primer judío que gobernó la histórica Tierra de Israel en 2000 años.

 

Como Alto Comisionado, Samuel trató de demostrar su neutralidad y trató de mediar entre los intereses árabes y judíos trabajando para frenar la inmigración judía y ganarse la confianza de la población árabe. La costumbre islámica hasta ese momento era que el líder espiritual, el gran mufti de Jerusalén, sea elegido por el gobernador. Después de que los británicos conquistaron Palestina, Herbert Samuel nombro al líder islámico, eligiendo  a Haj Amín al Husseni, quien luego se aliaría al régimen nazi de Hitler en años posteriores.

En la Primera Guerra Mundial, los soldados judíos de Eretz Israel formaron el Cuerpo de Muleteros de Sion que se formó en 1915,  combatieron en Galípoli, pero posteriormente fueron licenciados. Jabotinsky convenció al gobierno británico para que permitiera la formación de tres batallones judíos que lucharon codo a codo con los británicos, llamada así  la “Legión Judía”.

El espejismo nazi

¿Cómo reaccionaron las potencias europeas frente al nazismo?

En un principio lo apoyaron y hasta firmaron pactos de amistad con Hitler. Inglaterra, por ejemplo, a través de su canciller Chamberlain, dijo que Hitler era un caballero y aceptó las anexiones de Austria y Checoslovaquia llevadas adelante por Alemania. Las burguesías europeas veían en Hitler un freno a la expansión soviética y un férreo control para las ideologías obreras. La URSS, por su parte también pactó con Hitler y le reconoció sus conquistas. Sólo en 1939, después de seis despiadados años de gobierno y exterminio, Inglaterra y Francia se decidieron a actuar contra Hitler, cuando éste invadió Polonia. EE.UU. lo haría dos años más tarde al igual que la URSS.

El antisemitismo nazi cayó bien entre los árabes en el contexto de los pulsos de la colonización judía. El Muftí de Jerusalén HajAmin el-Husseini fue recibido y subvencionado por Hitler y estuvo implicado en crímenes del Holocausto en Europa, al impedir la emigración a Palestina de miles de judíos de Bulgaria, Rumanía y Hungría, que en su lugar fueron internados en campos de concentración. Husseini, que murió en 1974, nunca fue juzgado por esos crímenes y mantuvo sus simpatías hacia los nazis hasta la posguerra. En abril de 1941, los nazis apoyaron un golpe de estado antibritánico en Irak. El regreso de los británicos poco después desencadenó un pogrom con centenares de judíos muertos y miles de heridos en Bagdad.

 

Eduardo VIII después de su abdicación fue nombrado  duque de Windsor y, en 1937, recorrió la Alemania nazi. Durante la Segunda Guerra Mundial fue comisionado en un primer momento con la Misión militar británica a Francia, pero, después de acusaciones privadas de que mantenía simpatías pro nazi, fue enviado a las Bahamas como gobernador. Después de la guerra, nunca se le dio otro cargo oficial y pasó el resto de su vida en el retiro.

Joachim Ribbentrop, diplomático alemán,  resultó  una notable influencia entre la clase dirigente y de la nobleza inglesa a la que  invitaba a visitar Alemania y a conocer a Hitler personalmente. En 1936 es nombrado Embajador en Gran Bretaña con la misión exclusiva de obtener una alianza anglo-germana. Pero la diplomacia británica receló siempre de Ribbentrop por considerarlo un farsante y fracasó en atraer a los ingleses a la causa alemana.

El sueño de una alianza con los ingleses se fue desvaneciendo con el pasar de los años. La abdicación del rey Eduardo VIII, que alimentaba simpatías por la causa nazi, fue un duro golpe en ese sentido y luego el nombramiento de Churchill como primer ministro condenó a muerte cualquier ilusión de establecer una alianza entre ambos pueblos.

Antisemitismo en Gran Bretaña

En el período que medió entre 1920 al 24 hubo una intensa oposición al sionismo en la prensa británica, en mítines públicos y en el Parlamento. La prensa utilizaba los estereotipos antisemitas que mostraban a  los judíos como extranjeros, como bolcheviques, el tema del poder judío a través de políticas conspirativas relacionando judíos y dinero.

En agosto de 1921 llegó a Londres una delegación de árabes de Palestina, quienes hicieron antesala con miembros del Parlamento, antisemitas la mayoría de ellos. Con la participación de judíos en las revoluciones socialistas o bolcheviques, comienza una campaña de rumores afirmando que los revolucionarios forman parte de una “conspiración judía” anunciada ya en los “Protocolos de Sion”, esta calumnia se difundió con gran rapidez, en Gran Bretaña el antijudaísmo creció en virulencia.

Churchill afirmó en un discurso “. . .Pretenden destruir todas las creencias religiosas que dan consuelo e inspiración al alma humana. Creen en el Soviet internacional de los judíos rusos y polacos. Nosotros, en cambio, seguimos confiando en el Imperio británico”.

 

En Inglaterra se decía que la Revolución contaba con el apoyo y la ayuda de los más importantes banqueros norteamericanos como Schif y Warburg.

Así, desde 1918 habían aparecido en Gran Bretaña algunas obras antisemitas que volvían sobre el tópico de la conspiración. Los Protocolos de los sabios de Sion aparecieron publicados;  para el 8 de mayo de 1920  el Times publicó el artículo “El Peligro judío”, que insinuaba que el premier británico estaba a punto de entablar negociaciones con un grupo de conspiradores dispuestos a instaurar el imperio mundial de David.

The Times cuestionaba la autenticidad de los documentos, pero dejando entrever que podría no tratarse de una falsificación. Sin embargo, la marea duró poco. En agosto de 1921, este mismo periódico publicó durante tres días consecutivos un reportaje en el que se demostraba que los Protocolos no pasaban de ser un plagio aderezado. Con ello, la popularidad de la obra tocaba, sensatamente, a su fin, en 1924 este tema ya había dejado de ser el más tratado en el Parlamento.

En junio de 1935, Gran Bretaña se declaró dispuesta a firmar un acuerdo naval con el Reich. Lo más importante de este acuerdo naval es que Inglaterra era el primer país que reconocía la legalidad del rearme alemán e incluso ratificaba, mediante la firma de un acuerdo, tal reconocimiento.

La nueva constelación política europea pareció propicia a Hitler para ejecutar una empresa arriesgada desde el punto de vista político y militar: La remilitarización de los países renanos (7 de marzo de 1936). Ello significaba, no sólo una evidente violación del Tratado de Versalles, sino también del Pacto de Locarno, libremente concluido por Alemania. El rearme la había convertido en una de las más fuertes potencias militares de Europa.

El partido fascista ingles

La Unión Británica de Fascistas (en inglés, British Union of Fascists, BUF) era un partido político que  fue formado en 1932 por el ex ministro laborista Sir Oswald Mosley. El partido era una unión que abarcaba a varios partidos nacionalistas pequeños. Mosley se basó en otro líder fascista, Benito Mussolini y modeló su partido siguiendo la línea de movimientos fascistas en otros países, sobre todo Italia. Instituyó un uniforme negro, ganando el partido el apodo de «camisas negras». El BUF era anticomunista y proteccionista. Apoyó la sustitución de la democracia parlamentaria. Su política oficial, según lo representado en discursos y publicaciones en los años 30, era anti sionista.

El BUF fue prohibido totalmente en mayo de 1940, y recluyeron a Mosley y a 740 fascistas importantes durante la Segunda Guerra Mundial.

Tambores de guerra

El primer ministro británico Neville Chamberlain se puso de acuerdo, con el primer ministro francés, a entregar los Sudetes a Alemania.  Pensó que había comprado la “paz con honor”.  Pero Hitler, mostró su verdadera intención de apoderarse del resto de Checoslovaquia.  Chamberlain finalmente vio también la intención de Alemania de dominar Europa, y su extensión de una garantía a Polonia, un país que la geografía era incapaz de ayudar, aseguró la guerra prácticamente.

En mayo de 1940, después de un desastroso intento británico para forzar a los alemanes de Narvik, Noruega, Chamberlain renunció en favor de Winston Churchill.  Veterano de 65 años y con más de una campaña política iba a resultar un líder notable.  El país se recuperó rápidamente tras gastar su “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” para salir victorioso en lo que eventualmente se convertiría en una sangrienta guerra. El nuevo primer ministro Winston Churchill informó al pueblo británico que la Batalla de Francia había terminado y ahora era su turno. La Batalla de Gran Bretaña estaba a punto de comenzar.  Además enfatizó que Hitler tendría que vencer a la Gran Bretaña con el fin de ganar la guerra.

Cuando la Segunda Guerra Mundial, los judíos otra vez se presentaron voluntariamente. A pesar  de que las relaciones judío-británicas no eran las mejores, a causa de la política del mandato británico en el país. En primer lugar se trataba de la defensa del país, ya que con Rommel a las puertas no podían estar seguros, de si los nazis, quizás, pudieran marchar en dirección a Jerusalén.

En 1942, cuando los habitantes judíos escucharon las primeras noticias del genocidio nazi, muchos también se presentaron, por esta razón, para la batalla en Europa. Entre 1939 y 1945, 30.000 hombres y mujeres provenientes de Eretz Israel se unieron a las fuerzas de combate británicas en la lucha contra el régimen nacional-socialista. En aquel tiempo, en Israel vivían menos de medio millón de judíos. En total, alrededor de 1,5 millones de judíos, hombres y mujeres, combatieron hombro a hombro con las fuerzas de combate de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

martes, 22 de abril de 2014

Breve historia de los judíos en el reino de Inglaterra del siglo XIII hasta el siglo XVIII.

 
 
Los judíos que vivían en Inglaterra durante la Edad Media fueron tratados como propiedad del Rey. Les fue permitido quedarse ahí sólo por razones financieras: negocios y préstamo de dinero, lo que era muy ventajoso para la corona, ya que ganaban mucho dinero y pagaban altos impuestos al rey. Finalmente, esto empobreció a la mayoría de los judíos de tal manera que ya no resultaron rentables; fue entonces cuando Eduardo I, hecho a los Judíos de Inglaterra en 1290.
Después de su expulsión no existió  ninguna presencia judía en Inglaterra durante más de 360 años, pero dado que se imprimieron libros hebreos desde 1525, podemos intuir que de alguna manera no faltaron algunos judíos en el país.
Es a mediados del siglo XVII  cuando puede hablarse de una colonia conversa, de  rasgos criptojudíos. Por aquel entonces comenzaron a repercutir voces que solicitaban  un cambio de actitud hacia los judíos, y abogaban por su regreso a la isla. Este proceder favorable a los judíos, se dio básicamente en círculos puritanos y milenaristas (sectas protestantes) para quienes el retorno de los judíos a Inglaterra formaba parte del plan mesiánico, según el cual la dispersión total de los judíos era un requisito importante para el establecimiento del Reino de Israel.
Con el cese de la monarquía inglesa en  el tiempo de Cromwell y la instauración del régimen republicano crecieron las expectativas mesiánicas en los círculos puritanos más radicales y con ellas cobró vigor la actividad pro judía.
En 1649, se había presentado a Cromwell una Petición de los judíos de revocación de la Ley del Parlamento sobre su destierro de Inglaterra. Gestiones parecidas realizaron Roger Williams, Hugh Peters y otros miembros  de la facción de los Independientes. El rabino de Amsterdam,  Menashe Ben Israel, también decidió aprovechar para obtener un permiso oficial del gobierno inglés que permitiera restablecer la vida judía en aquel país. Ya en 1650 publicó con ese propósito su libro Esperanza de Israel que apareció simultáneamente en español y en latín (y fue traducido poco tiempo después al inglés), en el cual encaraba el tema mesiánico, ligando la proximidad del advenimiento del Mesías, con el descubrimiento de las diez tribus, perdidas, algunos de cuyos vestigios se habían hallado presuntamente en el continente americano.
Fue en 1654 cuando Menashe Ben Israel emprendió una acción firme y decidida para lograr el retorno de los judíos a Inglaterra.
El objetivo era negociar con Cromwell la formulación de un decreto que anulara el edicto de expulsión de 1290 y proclamara públicamente la admisión de los judíos en Inglaterra. A pesar de los múltiples esfuerzos invertidos, Menashe Ben Israel y sus camaradas no pudieron obtener su cometido. Los comerciantes de Londres se opusieron al establecimiento de los judíos que significaba para ellos un peligroso factor de competencia económica. La presión de estos comerciantes fue la que en última instancia provocó la decisión negativa de la Asamblea de que debía emitir su opinión respecto a la admisión de los judíos, en diciembre de 1655.
Cromwell, cuya postura pro-judía no era compartida por todos los miembros del Consejo de Estado, no pudo darles una respuesta oficial positiva, pero según parece llegó con ellos a un acuerdo tácito que les permitía ejercer su culto sin necesidad de esconderlo. Poco tiempo después Carvajal y Cáceres compraron un edificio para cementerio de la nueva comunidad, conocido con el nombre de “Cementerio Velho”.
Cuando en 1660 Carlos II restauró la monarquía en Inglaterra no sólo no derogó los derechos obtenidos por los judíos durante el período republicano, sino que después de poco tiempo reconoció oficialmente a la congregación ya establecida, pues es sobradamente conocida la ayuda que había recibido en el destierro de algunos judíos como Mendes da Costa y Agustina Coronel Chacón; además el monarca inglés estaba convencido de que la presencia de los comerciantes sefardíes le acarrearía grandes ventajas económicas. Por ello les concedió en 1664 las libertades y franquicias que en aquel mismo año negó a todas las sectas cristianas que actuaban fuera de la iglesia anglicana. Los judíos pudieron, desde entonces, ejercer públicamente su culto.

Durante el reinado de Jorge I (1714-1727) se produjeron las primeras naturalizaciones de judíos. En 1723 un tribunal falló que los judíos nacidos en el país eran automáticamente ciudadanos. El Parlamento votó una ley el mismo año según la cual los judíos podían ser admitidos como ciudadanos ingleses prescindiendo, incluso, del juramento “por la verdadera fe de cristianos”. En este itinerario ascendente, otra ley en 1740 admitía a los judíos a la ciudadanía británica si llevaban residiendo más de siete años en el país. La comunidad inglesa -ya no se trata sólo de Londres sino que empiezan a despuntar otros centros como Manchester y Liverpool- se convirtió en una de las más importantes de la diáspora sefardí occidental inmediatamente después de la de Amsterdam.
La  sinagoga de Bevis Marks, fundada por judíos españoles y portugueses llegados de Amsterdam, fue construida en 1701 y es la más antigua que existe en suelo británico. Además, Gran Bretaña es el único país de Europa que cuenta con una sinagoga donde los fieles continuaron celebrando sus ritos religiosos, sin interrupción, por más de 300 años.
Shakespeare y Shylock
Shakespeare, en su obra El Mercader de Venecia, interpretada por primera vez en 1596 o 1597, muestra los principales problemas sociales de su época, tales como el antisemitismo.  Para analizar debemos tomar en cuenta la situación de los judíos en la Inglaterra en la época de Shakespeare.
En 1594, Rodrigo López ,de origen español, uno de los pocos judíos en Inglaterra, fue acusado de traición y sin ninguna prueba fue condenado por conspiración de asesinato de la reina, lo que llevó a que lo ahorcaron por su supuesto crimen. El resultado de este juicio fue la aparición del odio contra los judíos en Inglaterra, un sentimiento que ha contribuido al éxito inicial de la obra.
Durante el autoritarismo escolástico vigente en esa época, la discriminación religiosa contra los judíos y musulmanes se había convertido en una característica de la época. El personaje judío de Shylock es representado como un ser cruel y vengativo, sin sentimientos, incapaz de mostrar compasión.
Además de ser agraviado por los cristianos, es el perdedor de la obra; esto me parece denigrante. Es un abuso por parte de Antonio tratar mal a Shylock, siendo que el judío solo estaba tratando de ganarse la vida con su negocio. No estoy justificando el hecho de que Shylock pidiera carne humana como pago, esto me parece absolutamente inconcebible, ya que la ley judía prohibe vertir sangre (mucho menos cortar carne).
Una influencia dramática sobre esta obra es sin duda la obra de Christopher Marlowe, otro escritor del renacimiento en Inglaterra. Su obra del año 1589, llamada El Judío de Malta.
Los siglos XIX y XX, hacia la modernidad

Al advenir la llamada “revolución industrial”, los judíos prosperaron económicamente y lograron mayor influencia en el mundo cultural y político de las naciones cristianas. Hacia 1848, con el pleno desarrollo del liberalismo, los líderes judíos intervenían directa y libremente en los asuntos vitales de los países de su nacimiento o actuación. Como ejemplo tenemos en Inglaterra a Benjamín Disraeli, estadista de actuación preponderante durante la época de la reina Victoria y de origen judío; también entonces, las limitaciones públicas que existían para los judíos fueron levantadas, y los ciudadanos de origen judío fueron puestos  en igualdad como los restantes súbditos de su Majestad.Durante el siglo XIX, la comunidad incrementó sus derechos, cuando en el año de 1855  Sir David Salomons fue nombrado primer Lord Mayor judío de Londres como también Sir Moisés Haim Montefiore (1784-1885,  banquero judeo-británico, filántropo, defensor firme de derechos humanos y alcalde de Londres)
La rama británica de los Rothschild, integrada en la vida nacional, asumió el liderazgo (hereditario) de los judíos ingleses, a los cuales proporcionó su primer representante en el Parlamento en el año de 1858, Lionel de Rothschild, fue un destacado zoólogo, fundador del Museo Rothschild de Historia Natural de Londres (al mismo tiempo que se ocupó del negocio bancario). Uno de los grandes defensores del sionismo. Era a él a quien se dirigía la carta de Lord Balfour en la que el gobierno británico se declaraba dispuesto a crear un «hogar nacional» para los judíos en Palestina (la Declaración Balfour de 1917, fundamento del posterior Estado de Israel).
Los Rothschild simpatizaron con la causa sionista y fueron los mayores protectores de los pioneros judíos que emigraron a Palestina para establecerse como colonos; destaca a ese respecto la labor de uno de los hijos de James, Edmond (1845-1934), que financió la creación de la segunda colonia judía de Israel, formada por emigrantes de Rusia, cuando Palestina estaba todavía bajo dominio turco: Rishon le-Tzion (1882).

La Declaración Balfour fue una carta escrita el de 2 de noviembre de 1917 por el Ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour dirigida a Lord Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía británica, para su transmisión a la Federación Sionista.
 
Por José Kaminer Tauber el 19 Abril 2011